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martes, 9 de septiembre de 2014

Life

las barreras son un problema, siempre lo serán para cualquier idea, iniciativa o persona, alma deambulante, estrella fija, todo rumbo debe ser siempre libre y completamente recorrido. Las barreras son un problema, siempre lo serán, y aberrantemente más si son autoimpuestas. ¡Que es un ave que sufre de vértigo! No hay mal peor que el que nos fabricamos nosotros mismos, como si la vida fuera un sendero libre de obstáculos por el cual podríamos rodar jubilosos hasta que la maldita muerte nos lleve consigo... y como si fuera mentira, es solo que nadie lo ve, todos quieren y nadie puede... malditas barreras, maldito trajín, maldito oleaje que siempre nos lleva, nos aleja, nos traga y luego nos escupe flácidos, arrepentidos, compungidos, cansados.

domingo, 17 de julio de 2011

hoy...esta vida

Esta noche te quiero como esta noche.
En montañas se suspiros llevo tu aliento. Espeso mis lágrimas evitando su estallido. Solo humedezco mis cristales dolidos, secos a fuerza por mi pasado extenso camino.
Llego sin forma al regocijo de un valle tan en sueños esperado. Me compongo y danzo con el viento que visita mis rincones de olvido. Vivo en tu mundo que no es mas que el mio, por horizontes distintos, pero en un mismo sentido. Hoy estás para siempre conmigo, hoy te respiro y te siento en el frio.

sábado, 9 de abril de 2011

asi con el paso del tiempo

Asi se le pasa a uno la vida, es verdad cuando alguien dice que no te das ni cuenta y ya estas rodeado de nietos, jubilado, canoso, casi con una pata adentro y la otra fuera. Pensar que son mas de setenta años, y uno los puede revisar en no mas de diez minutos. Cuantas horas de mi vida habré malgastado sentado frente al televisor, cuantas horas sentado en una oficina tosca, poco amable, alumbrado con la luz falsa y deprimente de unos tubos fluorescentes que cada un mes empezaban a pestañear para joderte otro poco la vida.
Cuantas ganas de dejar todo y arrancar a la paz, a la acogedora naturaleza, o la la loca vida en ruta del rockero stoner sin limitaciones, tantos viajes frustrados, tantas ganas que murieron siendo eso, solo ganas, y ahora que puedo, ya estoy viejo.
¡Que valor que tiene la vida!... Que ganas de poder vivirla dos veces.

domingo, 9 de mayo de 2010

lluvia

Y empezó a llover. ¿pero que podía hacer? ya nada, era demasiado tarde para reaccionar. Entonces levanté la frente y caminé, sintiendo las gotas golpear mi piel y mojarla completamente, mientras la ropa poco a poco iba tornando su color al tono obscuro que le da la humedad a las telas y las zapatillas filtraban un poco de agua con cada paso sobre el pavimento que ya formaba posas de múltiples formas y tamaños, a la vez que pequeños hilos de agua formaban riachuelos que a su paso llevaban consigo las hojas secas que caían de los cabizbajos árboles y todo aquello que reposaba sobre las calles y veredas.
Ya con unos minutos de agua y frío, mis dedos dolían y mi nariz helada hacía agua que se mezclaba con las gotas de lluvia que caían sobre mí, y una extraña sensación en mis pies me hacía pensar que no tenia dedos.
Me dio por correr mientras llovía, sin darle importancia a mi ropa, a mis zapatillas, a mi pelo que a esa altura ya estaba mojado por completo y se pegaba a mi cara, sin temerle a las posas que ya abarcaban media calzada de la calle, sin pensar tampoco en los truenos, los relámpagos, en los granizos que caían a lo lejos y el frío que se colaba por la ropa empapada y que se sentía como si llegara hasta los huesos.
Entonces corrí, corrí por las calles, atravesé avenidas, cuadras de las grandes y de las chicas, plazas y plazuelas, la linea del tren, villas completas, pasé por hospitales y comisarías, hasta que sentí que mis piernas flaqueaban. Sentí como el sudor se mezclaba con la lluvia, veía como el agua de mi cuerpo se evaporaba en delgados hilos que subían a mezclarse con las nubes allá bien arriba, en el cielo eterno.
Ahí entonces pensé que seria mejor volver a mi casa, secarme bien y tomarme una limonada caliente para evitar un resfrío de aquellos. Pero no me hice caso y me quedé sentado en una placita pequeña cerca de la vía férrea, entre casas con chimeneas y pastos verdes bien cuidados.